miércoles, 29 de junio de 2011

Te prometí un minuto...

-...bueno, pues lo quieras o no, aquí esta. La verdad es que no sé muy bien por qué hago esto, no sé qué voy a solucionarle a una fan en solo sesenta segundos, pero te los daré. Puedo imaginar que, como todas, me dirás a través de la línea: me encanta la letra de tu último single,  me preguntarás cuando iré de concierto a tu cuidad, o cuando perdí la virginidad, exclamarás que adoras mi primera guitarra, te interesará saber qué desayuno los domingos, donde paseé por última vez y con quién, tal vez me dirás con voz quebrada por la emoción: podrías teñirte de rubio otra vez, como al principio de tu carrera…
-Perdona, creí que eran mis sesenta segundos… -una suave voz, alegre pero sin rastro de exaltación lo interrumpió y recorrió el océano atlántico para arrancarle toda frase que hubiera podido continuar su arrogante perorata- yo tan solo quería saber… bueno, es una tontería, pero en mi situación, en fin te lo diré con una condición, tan solo debes responder.
-De acuerdo, podrás imaginar que no comprendo la condición, pero está bien, ¿cuál es tu pregunta?
-Solo quería saber de qué color son tus ojos.
-Pues… -la pregunta lo dejó fuera de sitio, porque no la esperaba bajo ninguna circunstancia
-Recuerda, tan solo responde.
-Son grises, nada especial, aunque la verdad… -lo interrumpió de nuevo:
-Lo siento, ha pasado ya el minuto que me prometiste –colgó y él no volvió jamás a saber nada de ella.
Es cierto que esa llamada siguió rondando la mente del muchacho varias semanas más, pero algún tiempo después otras preocupaciones ocuparon ese espacio. Al otro lado del océano ella seguía en el mismo suelo de piedra, con el teléfono entre las manos y mirando un horizonte que no existía, sin embargo solo las frías nubes de enero sabían que ella jamás llegaría a ver esos ojos grises que eran la causa de esa ciega sonrisa; no los había visto encerrados en el cantante tras la pantalla, ni los observaba colgados de la pared de su habitación bajo dos chinchetas… lo cierto es que únicamente conseguía enfocar en su imaginación un muchacho que encajase con ese nombre, ya que el gris como cualquier otro color no tenía significado alguno para ella.

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