lunes, 18 de julio de 2011

Me encanta que me digas al oído lo tonta que soy justo un segundo antes de que me comas a besos, justo antes de que intente replicar y frenes con una sonrisa mis absurdas palabras, sólo el tiempo suficiente para llamarte idiota en un murmullo que se pierde en tus ojos grises, que observan con paciencia las infinitas horas en que mis dedos juegan con cada mechón de tu cabello rebelde...
Todo ocurrió en un tiempo en que a nadie más que a nosotros se nos ocurrió ser felices, sin que a nadie le molestasen nuestros gritos y carcajadas entre el trigo dorado, con algo más que aire entre nuestros brazos, y las estrellas, aquellas estrellas que nos recordaban juntos cada noche, a las diez, cuando entre medias sonrisas mordíamos esa dulce manzana llamada locura y arrebatabamos miradas a nuestros ojos, bebiendo sin prisa de cada segundo.



...A veces aún me pregunto porqué además de ser tan bonito, fue tan corto.

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