-¿Sabes? Recuerdo que, cuando era pequeña, mi abuela, bajo la luz de la luna y sentada sobre mi cama, surcaba cada rincón de mi diminuto rostro salpicado de pecas, y justo cuando estaba a punto de caer rendida de cansancio, ella me decía: hay tantas estrellas en el cielo como poros hay en tu piel… ella entonces continuaba rozando cada recoveco mientras me explicaba el sentido de esa frase, significado en el que solía perderme vencida por el sueño.
Ahora casi diecinueve años después, ella sigue en tumbada en una cama similar, pero a centenas de kilómetros de distancia, contando ese recuerdo a otra persona que la escucha con infinito amor en la mirada, ella tiene otra perspectiva diferente de la vida, ha crecido, pero sigue bajo ese mismo cielo lleno de estrellas
-Bueno, no puedo ser ella, sólo puedo ser esta pequeña persona en tu misma cama, pero puedo susurrar lentamente las mismas palabras en tu oído, si lo deseas puedo traerte ese mismo firmamento hasta las sábanas, si quieres puedo recorrer cada milímetro de tu piel atrapando pecas entre mis labios, lo único que no puedo cambiar es el sentimiento que ella derramaba en cada caricia, porque el que yo dejo caer sobre ti es otra clase de amor, de ese que es a veces tan efímero y otras tan duradero que da miedo preguntarse hasta cuándo estará uniéndonos por la cintura, hasta cuándo estará ahí, ligando ambos corazones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario